Nómades del Atacama


La extinción de la trashumancia en el lugar más árido de la Tierra se acerca a paso inexorable.
Descubre el grito de la comunidad del Desierto Nostálgico contra la quietud de la inexistencia.

por Mario De Fina

Levanté la vista y pensé que había llegado al mismísimo infierno. Nada sobresalía del  amarillo estéril y el azul infinito; mientras el inmutable silencio y el calor agobiante reforzaban mi idea. Nada más que un puñado de ovejas, como si fuesen víctimas de una broma de mal gusto se encontraban atravesando aquel paisaje en línea recta; nada, salvo un jinete, seguía el ritmo de forma estoica y la cabeza inclinada detrás del piño, rumbo a El Patón.

Un paisaje monótono y constante, pero que esconde algo que a simple vista no es sencillo develar, el desierto más árido de la tierra, lleva consigo el secreto de cómo la civilización ha prosperado en sus suelos desde el inicio de los tiempos y cómo la vida se impuso, donde viento y soledad reinan a su antojo.

Fue allí, en ese preciso instante, que lo entendí por completo.

* * *

Todo comenzó una semana atrás, en la apacible tarde de un caluroso verano en Fiambalá, en la provincia de Catamarca, a casi 1500 km de la Ciudad de Buenos Aires. Tras una larga espera, una camioneta con matrícula chilena (no es común verlas por acá) llegó a la plaza principal, sus conductores eran Jilberto Pasten Quispe de 50 años y su sobrino Benjamín, con la mitad de edad. Cansados, los forasteros pasaron la tarde en aguas poco termales, eligieron un restaurant al azar y se sorprendieron ante la palabra milanesa, de noche, en medio de la ebullición de una plaza de 5000 almas, bebieron cerveza, incrédulos de la enorme cantidad de motos y de que ninguna fuerza de seguridad intentara arrestarlos por tomar alcohol en la vía pública.

-Allá los carabineros si quieren te llevan al calabozo.

A las 5 a.m., en la noche profunda, emprendí con ellos el viaje de regreso a la Ciudad de Copiapó, al otro lado de la Cordillera de los Andes, en la República de Chile, pero a diferencia de La Quiaca – Villazón o Posadas – Encarnación, aquí el intercambio entre las ciudades gemelas es nulo, los 497 km que las separan son un mar de arena que muy pocos se atreven a surcar.

Sin transportes públicos que las unan y con un máximo de 20 vehículos por día en temporada alta, las más de 8 horas de viaje por esta ruta de muerte suele transformarse en una opción inviable para la mayoría de los mortales.

Pero aquí, a principios de febrero y en el asiento trasero de la camioneta Toyota, comienzo mi último viaje al corazón de la comunidad Colla Pai – Ote, de las últimas que aún se atreve a franquear aquel infierno protegida con una técnica tan antigua como el tiempo, la trashumancia.

–  Che, ¿estás listo?, pregunta Jilberto, la escasa vegetación comienza a mermar, acelera, atrás queda el Paso Internacional San Francisco a 4726 metros sobre el mar.

El territorio ancestral de la comunidad, fundada un día después de la navidad del 2001, comprende desde Cerro Tres Cruces, sobre el límite internacional hasta la Laguna del Negro Francisco, 100km al sur, contiene casi 30 aguadas, 12 cerros,2 parques nacionales, 2 lagunas, una infinidad de flamencos, vicuñas y colores. De una proporción 10km mayor a la superficie de San Marino, las más de 7500 ha reconocidas por el Estado Chileno tienen algo en común, el agua es el factor más escaso y las compañías mineras son el sobrante. Las canadienses Kinross y Yamana Gold y la nacional Manto Negro han sido acusadas legalmente por invasión de territorio, consumo y contaminación de recursos naturales, acuíferos y reservas superficiales.

Ercilia siempre supo que la presidencia de la comunidad le consumiría su vida, pero nunca dudó que ese sería su destino.

– Desde chiquita me han criado para llevar a cabo este rol.

De estatura baja, promediando la mitad de siglo y de pelo enmarañado, negro azabache, causante de su apodo, Pirincha, viste unas calzas, un buzo con capucha fucsia estridente y una gorra que le oculta la mirada; siempre lleva consigo un prendedor con el dibujo de una llama que le obsequió su madre.

Como presidenta Colla trashumante, reside sobre sus hombros y los de su marido Jilberto, la pesada carga de continuar con la tradición. Explica con su hablar pausado, que durante el verano el ganado es arriado cerro arriba hasta las altas cumbres para aprovechar las pasturas estacionales, pero si no es descendido a las costas antes de que llegue el invierno morirá de frío.

– Son las estaciones las que marcan nuestro paso, las que nos indican cuándo tenemos que empezar a movernos.

Recuerdo haber recibido negativas y rechazos de otras comunidades y hasta la acusación de ‘’espía yanqui‘’; mi suerte parecía estar echada, cuando a pocas horas de emprender un frustrado regreso a Buenos Aires, me comuniqué por primera vez con ella.
Luego de recibirme en su breve casa de Paipote, 10km a las afueras de Copiapó y examinarme con su profunda y desconfiada mirada, respondió de forma escueta y contundente, fiel reflejo de su persona.

– Llámame en unas horas, mañana viajamos a la cordillera.

Tiempo más tarde reconocerá que fueron las dificultades de aquel primer viaje a lomo de burro tras senderos imposibles, lo que ganó su confianza.

Colla significa sur.

Los Incas usaron el término para denominar al Collasuyo, el mayor y más austral de sus imperios. Un complejo proceso de mestizaje de etnias locales, mitimaes, lo extendió hasta Santiago de Chile.

Allá arriba, (o abajo, según la temporada), Pascual es la persona encargada de cuidar, los 600 animales, a veces más, otras menos, que conforman el ganado; miembro de la comunidad, de unos años menor que Ercilia, barba larga, polvo en la cara, cigarro en la boca, camisa larga, pulóver sin mangas en V y el infaltable gorro, sus escasas palabras son la mejor prueba de que ha aprendido a sobrevivir en el silencio.

– Antes con mi padre tuvimos hasta 900 cabezas de ganado, lo movíamos de acá para allá, pero una serie de inviernos malos, bien malos, terminaron matando a la mayoría; ahora tengo unas pocas cabras en el piño, unas 12, son todas chiquitas.

Resulta imposible no preguntarle si acaso no extraña, si no le genera angustia estar en parajes inhabitados a cientos de kilómetros del pueblo más cercano.

– A veces me aburre estar tanto tiempo solo, confiesa Paulino Pasten Godoy.

La modalidad del traslado no suele variar, mientras se cargan en la parte trasera de un camión las pertenencias de Pascual, el ganado es arriado hasta su nuevo lugar; se improvisa un corral con palos y una morada con unas chapas, en este caso en el Llano El Leoncito a 3800 metros, el techo serán las estrellas. Murieron 4 cabritos de frío, por más que se los dejó toda la noche al lado de la fogata, se los terminó por devorar el fuego.

A la mañana siguiente, el vendaval de principios de noviembre, obliga a guarecerse en las camionetas, mientras las mujeres intentan sin éxito quitar el polvo a un caldo recién servido. Comenzó el regreso a Vega Redonda, campamento base de la comunidad, Pascual corre a la par del vehículo, mueve los brazos con vehemencia, su rostro denota felicidad, pero algo en sus gestos parece clamar ayuda, como si no quisiera volver a sucumbir en la soledad. Su figura se vuelve sombra de un atardecer en extinción.

Lejos de todo y cerca del sol, rodado de una inmensidad de arena, desaparece entre la nada y las cabras.

Desde Copiapó Pedro de Valdivia tomó posesión del Reino de Chile en 1540.

Cuatro años más tarde de que se le estremeciera el pecho de frustración al conquistador Diego de Almagro tras atravesar los Andes, descubrir el Valle pobre en oro, quemar vivos a 36 caciques y retornar a Perú.

Cinco siglos después, Copiapó es una rebosante urbe de 160 mil personas perteneciente a la Región de Atacama, a 800 km de Santiago de Chile; hecha y desecha por la minería, el boom inmobiliario construye edificios y modernos shoppings para una adinerada clase media que se beneficia de la liquidez aportada por las mineras; el costo de vida es el quinto más alto del país, tras la región central, Antofagasta e Iquique.

En un templado mediodía de marzo, una caravana de 50 mineros en huelga reclaman aumentos de sueldo, un factor la vuelve inusual, Ercilia Araya junto a su hijo menor, Francisco, la encabezan con una pancarta:

COMUNIDAD COLLA PAI – OTE
DEFIENDE SU TERRITORIO Y CULTURA INDÍGENA
SOMOS UNA COMUNIDAD EXISTENTE Y NO UNA COMUNIDAD DE PAPEL.
Por el alto parlante, la multitud que avanza bajo el nervioso accionar de carabineros, se jacta de la compañía de los ‘’ hermanos Collas’’. Ten cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos.

– Los mineros y las comunidades nos estamos uniendo, nuestros territorios sufren y el agua se está secando.

Los quehaceres de madre comparten el tiempo con las obligaciones de la comunidad, arreglar la casa, ir de compras y velar por sus 3 hijos varones.

– El simple hecho de que les pase algo o anden en cosas raras me quita toda la fortaleza que puedo tener, Ercilia se sincera y también se entristece. De fondo la televisión sin volumen transmite la asunción de Bachelet.

– Me duele verlos alejados de la comunidad, aquí están sus raíces, su identidad.

– Ser miembro de la comunidad se alcanza por herencia, cada nuevo integrante recibe un poncho y una dote, cantidad de animales; pueden venderlos o dejarlos a cargo de la comunidad, pero recién podrán decidir a la mayoría de edad. Somos casi 50 personas.

80 cuadras por la Av. Los Carrera marcan la distancia entre Copiapó y el pueblo de Paipote, fundado a mitad de siglo pasado tras la creación de la primera fundición nacional de cobre; a las afueras de este pueblo se encuentra la prisión de menores y las carpas gitanas, un poco más allá el basural, 110 km cordillera adentro se llega a Vega Redonda, en el sector de La Puerta.

* * *

La creación de los Estados separó política y jurídicamente a la cordillera de Los Andes, la Puna y el desierto de Atacama. El tratado de libre comercio entre Chile y Argentina de 1856 fomentó el arriaje y aumentó el circuito trashumante en la cordillera; las condiciones de sometimiento y exclusión en la Puna Argentina, dieron inicio al éxodo de familias Collas a mediados del Siglo XIX, que encontraron trabajo en las minas del desierto y asentamiento en sus vegas.

La rápida contaminación de los recursos provocó que algunas familias regresen, las que se quedaron tuvieron que lidiar con los arrendatarios y sus impuestos.

– El primero en llegar fue mi abuelo, Don Marcos Bordones, solo al lomo de una mula y con tan solo 14 años.

Quien recuerda es Don Segundo Araya, padre de Ercilia y único habitante permanente de Vega Redonda, aquí en la tranquilidad de la montaña a 2000 metros, la luz eléctrica proviene de un ruidoso generador y un sofisticado sistema de riego con agua de deshielo y paneles solares mantiene el cultivo de alfalfa para las ovejas.

A la entrada un cartel indica:

RESCATE DE LA MEDICINA Y SABIDURÍA INDÍGENA.

Al centro un gran círculo de piedra. A 500 metros una capilla privada sirve como sitio de oración y ceremonial.

Don Segundo, el abuelito, roza los 80 años y tiene prominentes bigotes blancos, enviudó hace tiempo y se retiró a la soledad de la montaña.

Nicolás Pasten tiene 21 años y se ilusiona con la idea de crear un sistema de turismo indígena y sustentable, es por eso que comenzó con la creación de una posada en Vega. Nieto de Don Segundo e hijo de Ercilia, su hija de 2 años se llama Valentina y su mujer Francisca.

– Este año quiero terminar la escuela y comenzar a estudiar turismo, pero tengo que pagar una deuda de como 1 millón (U$S 1600) para poder matricularme.

– Aquí la educación es harto cara.

Trabaja en una minera verificando la contaminación y los desechos, puesto que le consiguió su madre tras una ardua negociación con la empresa Kinross. Pese a que fue criado para continuar con el legado, rara vez se lo ve por la cordillera.

– La posada se llamara ‘’El Yastay’’, es un guanaco grande y blanco, hijo de la pacha y protector de las manadas y que desata su furia contra los cazadores, es un espíritu bueno, pero si lo ves es porque la cagaste.

 Es hora de emprender la invernada.

De Tapia es necesario arrear el ganado durante 5 horas a pie. Berto Pasten y Pascual apelarán a gritos, piedras y sus lazos para evitar que se desvíen. El camión fue el primero en partir con los chivos y corderos.

Por la ruta una camioneta con turistas pálidos debe frenar por el ganado, aprovechan para fotografiarnos asombrados, un poco más abajo un camión cisterna se las ensaña con una pequeña acequia, Ercilia me pide que lo fotografíe, hace rato que quieren tener pruebas. Poco antes de llegar a Vega Redonda me señala el árbol bajo el cual nació.

Luego resta un largo trecho de 3 horas hasta las costas del Pacífico.
– Antes del peaje te desvías a la izquierda, saldrás al camino de tierra, la primera no, la segunda tampoco, recién la tercera donde venden sandías, ese es el camino que debes seguir para llegar a la estancia.

Ercilia le da los detalles a Jilberto, el encargado de manejar 200 km el Aumark blanco hasta los campos de Barranquilla, sobre el nivel del mar.

Antes se venderán cabras por 50 mil (U$S 90) y corderos por 80 mil (U$S 144), para achicar el piño lo máximo posible; también se ordeñaran las cabras para hacer queso (U$S 15) y se las marcará con un corte en su oreja, cada integrante de la comunidad tiene una forma particular.

-Un viejo amigo presta la hacienda para pasar el invierno, pascual se mudará a una casona abandonada.

Ordenando las cabras y apretujando lo mejor posible, no entran más de 70 por viaje, esto se traduce en al menos 7 viajes para terminar el traslado, casi 3000 km en tres días; Jilberto parece no cansarse, su cuerpo está acostumbrado a las penurias de la montaña, puede lidiar con el sueño y el cansancio.

– Antes este camino lo hacíamos arreando, a fines de febrero, tardábamos un mes y llegábamos justo para que Erik y Nicolás fueran al colegio; pero desde que construyeron la autopista no hay más opción que hacerlo en camión.

Durante las largas jornadas de viaje se escuchan los gritos de las cabras que viajan, por momentos recuerdan al llanto de un niño, mientras un mp3 selecciona al azar canciones donde un mariachi le canta al amor y al olvido; Jilo mantiene la mirada al frente y Ercilia entrecierra los ojos para descansar con disimulo.

-¿Sabes Mario?, Cuando todo esto termine me iré a la montaña para no volver. Proyecta, saborea la posibilidad de dejar de trasladarse, de instalarse para siempre en la cordillera, entre las cabras, cuidando su rebaño, la tierra reclama su regreso.

La humedad propia de la cercanía a la costa se funde en el ocaso, tiñéndose de naranja y precipitando su caída. Un tecito con palta reconforta al final de la jornada. No hay mucho tiempo para descansar, es necesario continuar en movimiento, perpetuo, hasta que el cuerpo diga basta;
Ercilia está enferma, sabe que debe operarse.

– Alto Policía.

Armados y sin orden de allanamiento irrumpieron, eran como seis, de la División de Delitos Ambientales de la Policía de Investigación (P.D.I.).

– Buscaban el jarrón, estaba en el dormitorio del Pancho, el almuerzo estaba servido, llegaba tarde al colegio. Los uniformados venían de Vega Redonda, habían arrestado a mi papá.

Francisco llora desconsoladamente cuando recuerda el momento en que lo detuvieron, demoraron e incomunicaron durante horas, poco les importó que tuviera 12 años.

La historia se remonta a principios de octubre, el ganado aún permanecía en las costas de Barranquilla cuando documentalistas filmaban la trashumancia y entrevistaban a Ercilia, mientras Pancho como de costumbre, hablaba hasta por los codos.

– Madre, venga a ver esto.

– Espérate tantito Pancho, estoy ocupada.

– Mamá Ercilia, vea esto por favor.

Cuando finalmente voltearon, Francisco había desenterrado un jarrón incáico de 1200 años de antigüedad.

– No solo eso, se han llevado nuestros objetos preciados de Vega Redonda, las piedras que encontramos a nuestro paso por la cordillera, según ellos valen millones en el mercado negro, para nosotros es nuestra identidad. Ensuciaron nuestro nombre.

El respaldo de las comunidades indígenas de Copiapó fue contundente, exigieron el esclarecimiento del hecho, – Es diferente que un hermano tenga una pieza ancestral en una casa a que lo posea una persona que no tenga raíces ancestrales y esto da cuenta de la relación que se tiene con el Estado.

– No entienden que las culturas originarias de este país estaban antes de todo organismo institucional.

La PDI guardó silencio, el gobernador Mario Rivas se comprometió a investigar:

– Obviamente él no es un delincuente, es un niño indígena, que tiene una visión y un valor distinto a las cosas que le entrega la naturaleza.

Los documentalistas llegaron a filmar la algarabía de Pancho durante el descubrimiento:

– Lo pondré en mi casa para que todos lo vean.

Dos meses de psicóloga y receso escolar hicieron falta para palear la angustia y las pesadillas. A Ercilia le recordó a su infancia, la dictadura  y su exilio en la cordillera.

– Aquí el desierto duele.

 * * *

El Sindicato de Leñadores fue la respuesta para terminar con las cargas impuestas por los arrendatarios a mediados de los 50’ en la Hacienda La Puerta. Una larga sequía terminó por expulsarlos.

La dictadura de Pinochet desmanteló la organización, falló a favor de los terratenientes y el fisco Chileno, las tierras de invernada ahora cobraban valor para las plantaciones de uva de exportación. Desalojó familias que no tuvieron otra alternativa que instalarse en la ciudad y privatizó hasta hoy día los derechos sobre el agua.

Se prohibió la explotación de la leña y la tenencia de ganado caprino y hasta se minaron con explosivos los pasos fronterizos; el pueblo Colla quedó definitivamente a un lado o al otro de la cordillera.

– Yo ayudé a cruzar a perseguidos políticos a la Argentina en busca de asilo -reconoce Don Segundo- hasta que me arrestaron, golpearon y detuvieron, mi muerte estaba pactada, pero un carabinero amigo me ayudó a escabullirme entre un rebaño de cabras. Los pastores Collas se convirtieron en los principales sospechosos.

Ese mismo día la familia Araya se exilió en los cerros durante 15 años, hasta el retorno de la democracia; tuvieron suerte, no pasó lo mismo con las hermanas Quispe.

La historia de las pastoras colla sigue vigente en la memoria Chilena.

– Justa, la mayor tenía 50, Lucía era 10 años menor y Luciana la del medio, eran tías de Jilberto.

Corrían días difíciles, bajo el rótulo de comunistas las hermanas estaban acorraladas, sin posibilidad de conseguir alimentos, se decía que venían por ellas.

Finalmente cuando las encontraron en la mañana del 3 de diciembre de 1976, colgaban de una roca, muy abrigadas, una al lado de la otra, las sogas las envolvían por arriba y por abajo, por los costados, parecían suspendidas en el tiempo, flotando; en la cima de la roca un cuchillo, a los costados sus perros y chivos.

Mucho se ha dicho desde aquel día, desde espíritus malignos hasta la más aceptada, los militares.

– Al momento de  su muerte vestían sus mejores ropas y sus pertenencias estaban empacadas para viajar. Fue al poco tiempo del arresto de mi padre. La clave es el volcán de Copiapó, la piedra esta frente a él, pero ellas le dieron la espalda; a los pies está el lecho del río, el agua limpia el pecado.

Ercilia conserva 3 retratos fotográficos grandes y enmarcados de cada una de ellas, me los muestra, y pregunta mi opinión. La poderosa mirada de Lucía llama mi atención, se la ve decidida.

– Fue ella quien lo planeó todo.

Se han hecho obras de teatro y documentales sobre este suceso, una reciente película donde actúa Don Segundo y el ganado de la comunidad gana premios en el extranjero.

La democracia trajo consigo la Ley Indígena, pronto se creará el Ministerio.

Burocracia punitiva y un celoso cuidado fronterizo dieron fin a los intercambios entre la Puna y el desierto. Aquellos osados que eran sorprendidos cruzando la frontera fueron encarcelados y sus bienes confiscados.

Hoy en día a los pies de la roca, 3 cruces reciben flores de los viajeros en busca de protección.

– La falta de agua obliga a subir cada vez más, es momento de volver.

-Volver, cuesta.

– Como cortar un gigantesco hielo.

Viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar.

Camino a El Patón se fundió una camioneta y estalló un neumático de la otra. Un día antes, en el centro, un colectivo dejó de responder.

La ceremonia de purificación tuvo que suspenderse, los problemas de salud de Ercilia recrudecen, tiene una anemia muy fuerte.

Las ovejas recuerdan el camino, solas llegaron a destino, son 180 escoltadas por Fernando Marín Carvajal desde Vegas Villalobos. Cuesta respirar cuando se está cerca de los 5000 metros. Me ofrecen una infusión de agua con Chachacoma, sabe peor que la fatiga.

A 130 km aguarda Pascual con el resto del piño.

– Estarán aquí al menos un mes, luego bajaremos. Quiero pedir un turno para operarme en Copiapó y descansar.

Pero el destino guarda una mala pasada.

Todavía no saben que pronto el cielo descargará toda su furia.

Ríos de fango arrancaran casas de cuajo, serán las peores inundaciones en 80 años.

Todavía desconocen que los helicópteros saldrán a buscar a Pascual sin éxito y Jilberto manejará días enteros siguiendo sus huellas.

Pero falta, aún falta.

Me queda una última pregunta por hacer.

– ¿Qué significa Pai – Ote?

Silencio.

– Significa Desierto Nostálgico.

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